Fisiología del ácido úrico
Fisiología normal: de dónde vienen las purinas, cómo se forma el urato y cómo lo elimina el organismo
Contenido educativo del Club ZÄNA · Dra. Jackie
Basado en revisiones de fisiología del urato, transporte renal e intestinal, metabolismo de purinas y biología de la xantina oxidorreductasa publicadas en literatura biomédica revisada por pares.
Antes de empezar
El ácido úrico suele aparecer en la conversación solo cuando hablamos de hiperuricemia o gota. Sin embargo, antes de entender la enfermedad necesitamos entender la fisiología: el ácido úrico es un producto normal del metabolismo humano, se produce y se elimina todos los días y, en condiciones habituales, forma parte de un equilibrio dinámico que ocurre sin que lo notemos.
Este es el Volumen I. Aquí revisaremos únicamente la fisiología normal: qué son las purinas, de dónde provienen, cómo se degradan, por qué en humanos el urato es el producto final de esta vía y cómo participan el riñón y el intestino en su eliminación. El Volumen II estará dedicado a la fisiopatología: qué ocurre cuando este equilibrio se rompe, cómo aparece la hiperuricemia, por qué pueden formarse cristales de urato monosódico y cómo se desarrolla la gota.
Como en todo el contenido educativo del Club ZÄNA, distinguiremos entre mecanismos fisiológicos bien establecidos, hipótesis evolutivas y asociaciones clínicas. El objetivo no es memorizar nombres, sino comprender la lógica del proceso con evidencia médico científica y en un lenguaje que también pueda seguir quien no pertenece al área de la salud.
Volumen I
Nuestra fisiología
1. Qué son las purinas y de dónde vienen
Las purinas son moléculas pequeñas presentes en cada célula del cuerpo. Forman parte de estructuras esenciales: son uno de los “ladrillos” con los que se construye nuestro material genético y también forman parte de moléculas de energía como el ATP, el combustible que usa cada una de nuestras células para funcionar de forma correcta.
Las purinas son compuestos nitrogenados que forman parte de moléculas indispensables para la vida. Adenina y guanina son las dos bases púricas presentes en el ADN y el ARN; además, los nucleótidos derivados de purinas participan en moléculas de energía y señalización celular, como ATP, ADP, AMP y GTP. Por eso las purinas no son sustancias extrañas ni “tóxicas”: forman parte de la estructura y del funcionamiento normal de prácticamente todas nuestras células.
Todos los días el cuerpo produce y destruye millones de células como parte de su renovación normal. Cuando una célula muere y se recicla, las purinas que contenía se liberan y se degradan este proceso, llamado recambio celular endógeno, el cual es responsable de aproximadamente dos terceras partes del ácido úrico que circula en el cuerpo. El tercio restante proviene de la alimentación, principalmente de alimentos ricos en purinas como vísceras, ciertos mariscos, extractos de carne y bebidas con fructosa ( Ahn & So, 2025).
Dicho esto, vale la pena aclarar que el organismo obtiene purinas por dos grandes vías. La principal es endógena (es decir, de la producción de nuestro propio cuerpo): proviene del reciclaje o recambio normal de nucleótidos y células, así como de la síntesis y degradación continua de moléculas que contienen purinas.
La alimentación aporta una fracción adicional a través de purinas presentes en ciertos alimentos. En conjunto, la mayor parte del urato corporal deriva de fuentes endógenas y una proporción menor de la dieta.
Nota: Es importante separar este concepto de la fructosa, ya que la fructosa no es una purina, pero su metabolismo puede aumentar la degradación de ATP y, por esa vía, favorecer la producción de urato; ese mecanismo se abordará en el Volumen II (Keenan, 2020; Baharuddin et al., 2024).
En palabras sencillas
Piensa en las purinas como piezas que el cuerpo usa todos los días para construir información genética y para manejar energía dentro de las células. Cuando esas moléculas se renuevan o se degradan, sus piezas no desaparecen: entran en una ruta de reciclaje y degradación que, en humanos, termina produciendo urato.
Antes de seguir: ¿qué es realmente el ácido úrico?
El ácido úrico es una molécula que nuestro organismo produce de manera normal cuando degrada las purinas. No es una sustancia extraña ni un “desecho tóxico” que aparezca únicamente cuando existe enfermedad: forma parte del metabolismo normal de todos los días.
Existe, sin embargo, una precisión química importante. El ácido úrico puede encontrarse en diferentes formas según el pH del medio. A un pH fisiológico, como el de la sangre (aproximadamente 7.4), la mayor parte pierde un ion hidrógeno (H+) y se encuentra en su forma ionizada, denominada urato. Por eso, cuando en medicina hablamos de “ácido úrico en sangre”, químicamente estamos hablando predominantemente de urato circulante, aunque los análisis de laboratorio continúen reportándolo habitualmente como “ácido úrico”.
En palabras sencillas
Piensa en el ácido úrico y el urato como la misma molécula en dos formas químicas diferentes. El ambiente que la rodea, especialmente el pH, determina cuál predomina. En nuestra sangre, por su pH cercano a 7.4, casi toda circula como urato, aunque en el laboratorio normalmente verás escrito “ácido úrico”. Esta diferencia será importante más adelante para comprender por qué hablamos de cristales de urato monosódico en la gota.
2. La ruta metabólica: de la purina al ácido úrico
La ruta metabólica: de las purinas al urato
La degradación de purinas no ocurre en un solo paso. Las dos ramas principales la derivada de adenina y la derivada de guanina siguen rutas distintas al inicio y luego convergen antes de formar urato. Los nucleótidos de adenina pueden generar inosina e hipoxantina; los derivados de guanina generan guanosina, guanina y posteriormente xantina. La hipoxantina también se convierte en xantina. A partir de ahí, ambas rutas comparten el tramo final.
Purinas → Hipoxantina → Xantina → Ácido úrico
Adenina → Inosina → Hipoxantina → Xantina → UratoGuanina → Guanosina → Guanina → Xantina → Urato
(esquema simplificado; los dos últimos pasos oxidativos dependen de la xantina oxidorreductasa)
La xantina oxidorreductasa (XOR) cataliza la conversión de hipoxantina en xantina y de xantina en urato. En mamíferos puede presentarse funcionalmente como xantina deshidrogenasa (XDH) o xantina oxidasa (XO). Cuando actúa con actividad oxidasa puede generar especies reactivas de oxígeno, como superóxido y peróxido de hidrógeno. Estas moléculas participan en señalización fisiológica, pero cuando se producen en exceso pueden contribuir al estrés oxidativo; por eso no deben interpretarse automáticamente como sinónimo de “inflamación” (Battelli et al., 2021).
La expresión y actividad de XOR varían entre tejidos. Hígado e intestino son sitios importantes para el metabolismo de purinas y la producción de urato. La actividad de esta enzima y su relación con tejidos metabólicos adquieren relevancia clínica en determinados contextos, pero esa transición de fisiología a enfermedad se desarrollará en el Volumen II.
3. Por qué en humanos el urato es el “producto final”
En la mayoría de los mamíferos, la ruta no termina en ácido úrico: una enzima llamada uricasa o urato oxidasa continúa degradándolo hacia productos mucho más solubles, entre ellos la alantoína, que pueden eliminarse con mayor facilidad. Los humanos y otros hominoideos carecemos de uricasa funcional; por eso el urato constituye el producto final de la degradación de purinas en nuestra especie.
La pérdida de la actividad de uricasa ocurrió durante la evolución de los hominoideos a lo largo de millones de años, mediante cambios que inactivaron el gen UOX. La evidencia molecular apoya un proceso evolutivo complejo y no un único evento perfectamente fechado; por eso es más riguroso hablar de una pérdida progresiva de actividad en nuestros ancestros que situarla en un año evolutivo exacto (Oda et al., 2002; Kratzer et al., 2014).
Se han propuesto varias hipótesis para explicar por qué esta característica se conservó. Una de las más conocidas plantea que niveles circulantes más altos de urato pudieron ofrecer ventajas antioxidantes o ayudar a sostener la presión arterial en determinados ambientes ancestrales. Sin embargo, estas explicaciones siguen siendo hipótesis evolutivas: no deben presentarse como una función demostrada de la pérdida de uricasa. Lo que sí está establecido es que el urato contribuye de manera importante a la capacidad antioxidante del plasma y que su comportamiento puede cambiar según el contexto biológico.
Importante
No tener uricasa no es una falla metabólica y tampoco es una enfermedad: es parte de nuestra biología normal como especie. El problema no es tener ácido úrico; el problema aparece únicamente cuando su producción y su eliminación dejan de estar en equilibrio, como veremos en la segunda parte.
4. Cómo se elimina el urato: el papel del riñón y el intestino
El cuerpo elimina el ácido úrico por dos rutas: aproximadamente dos terceras partes a través del riñón, y el tercio restante a través del intestino ( Mallappa et al., 2026; Timsans et al., J Clin Med, 2024).
La fisiología y eliminación del ácido úrico a nivel renal es más compleja de lo que parece a primera vista. La homeostasis (es decir el equilibrio) del urato depende tanto de cuánto se produce como de cuánto se elimina. Aproximadamente dos terceras partes de la eliminación total ocurren por el riñón y el resto por la vía intestinal, aunque estas proporciones pueden variar entre personas y según el estado fisiológico (Keenan, 2020). El intestino no es una ruta secundaria sin importancia: transportadores como ABCG2 participan activamente en la excreción extrarrenal.
En el riñón, el urato se filtra libremente en el glomérulo (la cual es la unidad funcional de filtrado del riñón) y después entra en un proceso bidireccional de reabsorción y secreción en el túbulo proximal. Una gran proporción del urato filtrado se reabsorbe y solo alrededor de 5–10% de la carga filtrada termina excretándose en la orina. Ese resultado neto depende de varios transportadores que actúan en distintas membranas de la célula tubular (Chung & Kim, 2021; Mandal & Mount, 2015).
- URAT1 (SLC22A12): se localiza en la membrana apical de las células del túbulo proximal y participa de manera central en la reabsorción de urato desde la luz tubular hacia la célula. Su función favorece que parte del urato filtrado regrese al organismo.
- GLUT9 (SLC2A9): participa en el transporte de urato a través de la célula tubular y es fundamental para que el urato reabsorbido vuelva a la circulación. Variantes genéticas de SLC2A9 se asocian con diferencias importantes en los niveles séricos de urato, lo que ayuda a explicar parte de su componente hereditario.
- ABCG2: es un transportador de eflujo de alta capacidad que contribuye a la secreción de urato tanto en el riñón como en el intestino. Variantes que reducen su función pueden disminuir la excreción extrarrenal y modificar la carga que debe manejar el riñón.
En palabras sencillas
Imagina el manejo renal del ácido úrico como una cinta transportadora de reciclaje con varias estaciones: en la primera se recoge todo (filtración); en la siguiente, casi todo se regresa a la línea de producción (reabsorción, principalmente por URAT1 y GLUT9); y solo al final una pequeña porción se descarta de verdad (secreción, con ayuda de ABCG2). Cuando una de estas estaciones no funciona bien por genética, por medicamentos o por otras condiciones, el resultado neto es que se acumula más ácido úrico del que debería.
Otros transportadores completan este sistema. OAT1 y OAT3 facilitan la entrada de urato desde la sangre hacia la célula tubular para su secreción, mientras que NPT1 y NPT4 participan en su salida hacia la luz urinaria. El resultado final no depende de un solo “filtro”, sino del balance entre reabsorción y secreción a lo largo del túbulo proximal (Chung & Kim, 2021; Mandal & Mount, 2015).
5. El equilibrio normal: producir, transportar y eliminar
En condiciones fisiológicas, la concentración de urato en sangre refleja un equilibrio dinámico entre producción, distribución y excreción, en una persona sana, todo este sistema de producción constante ocurre como ya lo mencionamos por recambio celular y la alimentación. Por lo cual el ácido úrico no es una sustancia que simplemente “se acumula”: todos los días se produce urato a partir del metabolismo de purinas y, al mismo tiempo, se elimina principalmente por riñón e intestino.
Este sistema funciona en silencio, de forma eficiente, la mayor parte de la vida hasta que algo inclina la balanza hacia una mayor producción, una menor eliminación, o ambas a la vez, desencadenando un proceso patológico.
Los valores de referencia de ácido úrico pueden variar según el método, el sexo, la edad y la población estudiada, sus intervalos de referencia habituales son de aproximadamente 3.5 a 7.0 mg/dL en hombres y 2.6 a 6.0 mg/dL en mujeres, aunque estos rangos pueden variar ligeramente entre laboratorios.
Además, un intervalo de referencia no es lo mismo que un umbral de saturación ni que una meta terapéutica. Por esa razón, en este Volumen I no utilizaremos una cifra aislada para definir enfermedad: primero queremos comprender el sistema normal. En el Volumen II diferenciaremos con claridad hiperuricemia, saturación de urato y objetivos clínicos.
En palabras sencillas
El valor que aparece en un laboratorio es una fotografía del equilibrio de ese momento. No nos dice, por sí solo, por qué el urato está en ese nivel ni si existe una enfermedad. Para responder eso necesitamos contexto clínico y los mecanismos que estudiaremos en el Volumen II.
6. Lo que todavía no hemos explicado
Hasta aquí hemos descrito fisiología. A partir de este punto empiezan preguntas distintas: ¿qué hace que el urato aumente de manera persistente?, ¿por qué algunas personas con urato elevado nunca desarrollan gota?, ¿cuándo una solución pasa a formar cristales?, ¿qué papel tienen la temperatura articular, el riñón, la resistencia a la insulina, la fructosa o ciertos medicamentos?
Responder esas preguntas exige entrar en fisiopatología. Para no mezclar un proceso fisiológico normal con uno patológico, las desarrollaremos en un artículo independiente. Esa separación es importante: producir urato es fisiología; hiperuricemia y gota no son sinónimos de “tener purinas” ni de “comer proteína”.
En palabras sencillas
Este primer volumen explica cómo funciona el sistema cuando está en equilibrio. El segundo explicará qué puede empujar ese sistema fuera de equilibrio y por qué, incluso entonces, un valor elevado de urato no significa automáticamente que exista gota.
7. Cinco ideas que me gustaría que te lleves de este volumen I
1. Las purinas son parte normal de nuestra biología.
Forman parte del ADN, ARN y de moléculas energéticas como ATP; el organismo las produce, utiliza, recicla y degrada todos los días.
2. La mayor parte del urato proviene del metabolismo endógeno.
La dieta aporta purinas, pero el recambio interno de nucleótidos constituye la fuente dominante. La fructosa merece una explicación aparte porque no es una purina.
3. En humanos, el urato es el producto final de la degradación de purinas.
Carecemos de uricasa funcional; esta característica forma parte de nuestra evolución como especie y no representa, por sí misma, una enfermedad.
4. El riñón no solo filtra: reabsorbe y secreta urato.
Transportadores como URAT1, GLUT9 y ABCG2 determinan cuánto urato vuelve a la sangre y cuánto se elimina, junto con la contribución del intestino.
5. Fisiología no es lo mismo que fisiopatología.
Tener urato circulante es normal. La hiperuricemia, la sobresaturación y la gota requieren mecanismos adicionales que estudiaremos por separado en el Volumen II.
Para recordar
Comprender la fisiología de las purinas cambia la forma de mirar al ácido úrico: deja de ser una “toxina” aislada y se convierte en el resultado de una red normal de producción, reciclaje, transporte y eliminación. Esta base es indispensable para discutir después, con precisión, por qué ese equilibrio puede romperse.
En el Volumen II del Club ZÄNA abordaremos la fisiopatología de la hiperuricemia y la gota: saturación y cristalización del urato monosódico, respuesta inflamatoria, factores renales y genéticos, síndrome metabólico, resistencia a la insulina, fructosa, dieta y los factores que modifican el riesgo clínico.
Glosario sencillo
Purinas: familia de compuestos nitrogenados que forman parte de nucleótidos del ADN, ARN y moléculas como ATP y GTP.
Adenina y guanina: bases púricas presentes en los ácidos nucleicos.
Hipoxantina y xantina: intermediarios de la degradación de purinas antes de formar urato.
Xantina oxidorreductasa (XOR): enzima que cataliza los dos pasos oxidativos finales: hipoxantina → xantina → urato.
XDH / XO: formas funcionales de la XOR. La actividad oxidasa puede generar especies reactivas de oxígeno.
Uricasa o urato oxidasa: enzima que degrada urato en muchas especies; no es funcional en humanos y otros hominoideos.
Urato: forma ionizada predominante del ácido úrico a pH fisiológico.
URAT1 (SLC22A12): transportador del túbulo proximal que participa principalmente en la reabsorción renal de urato.
GLUT9 (SLC2A9): transportador esencial para el movimiento de urato a través de la célula tubular y su retorno a la circulación.
ABCG2: transportador de eflujo que contribuye a la excreción renal e intestinal de urato.
Homeostasis: mantenimiento de un equilibrio dinámico entre producción, transporte y eliminación.
Referencias
1. Keenan RT. The Biology of Urate. Semin Arthritis Rheum. 2020;50(3S):S2-S10. doi:10.1016/j.semarthrit.2020.04.007.
2. Chung S, Kim GH. Urate Transporters in the Kidney: What Clinicians Need to Know. Electrolyte Blood Press. 2021;19(1):1-9. PMID: 34290818.
3. Mandal AK, Mount DB. The Molecular Physiology of Uric Acid Homeostasis. Annu Rev Physiol. 2015;77:323-345. doi:10.1146/annurev-physiol-021113-170343.
4. Battelli MG, Bortolotti M, Polito L, Bolognesi A. Xanthine Oxidoreductase: One Enzyme for Multiple Physiological Tasks. Redox Biol. 2021;41:101882. PMID: 33578127.
5. Oda M, Satta Y, Takenaka O, Takahata N. Loss of Urate Oxidase Activity in Hominoids and Its Evolutionary Implications. Mol Biol Evol. 2002;19(5):640-653. doi:10.1093/oxfordjournals.molbev.a004123.
6. Kratzer JT, Lanaspa MA, Murphy MN, et al. Evolutionary History and Metabolic Insights of Ancient Mammalian Uricases. Proc Natl Acad Sci U S A. 2014;111(10):3763-3768. doi:10.1073/pnas.1320393111.
7. Baharuddin B. The Impact of Fructose Consumption on Human Health: Effects on Obesity, Hyperglycemia, Diabetes, Uric Acid, and Oxidative Stress With a Focus on the Liver. Cureus. 2024;16(9):e70095. doi:10.7759/cureus.70095.
8. Kim SH, Shin J, Son HE, Kang DH. Role of Urate Transporters in the Kidneys and Intestine in Uric Acid Homeostasis. Kidney Res Clin Pract. 2026;45(3):296-313. doi:10.23876/j.krcp.24.321.
Nota educativa
Este material forma parte del contenido educativo del Club ZÄNA y tiene fines exclusivamente informativos.
La información presentada explica conceptos generales derivados de la literatura científica y no constituye diagnóstico, prescripción nutricional ni tratamiento médico individual. El uso de citrato de potasio u otros suplementos requiere indicación y supervisión médica.
Si tienes antecedente de gota, hiperuricemia, síndrome metabólico, enfermedad renal, o alguna otra patología, cualquier inicio o modificación de una alimentación cetogénica y/o medicamentos debe realizarse con acompañamiento profesional y evaluación previa. La interpretación de un resultado de ácido úrico debe realizarse por profesionales de la salud y dentro del contexto clínico de cada persona.